15 sept. 2016

No son ventajas ser utilizada.

¿Por qué un empresario te deja entrar gratis a su discoteca?
Porque quiere atraer a los inversores: los hombres, que son los que pagan la entrada.
Este 'privilegio' se 'vende' como una "ventaja" para las mujeres, por medio de la supuesta discriminación positiva. Pero lo cierto es que las 'vendidas' somos nosotras: somos el reclamo, el cebo, el objeto expuesto para atraer a los hombres, conocedores del funcionamiento de este tipo de "publicidad", donde se anuncia un producto muy jugoso: mujeres.
Como dueñas de la emancipación de nuestras vidas y nuestros cuerpos, las mujeres podemos y debemos decidir si queremos o no participar en situaciones como estas y en qué medida, siempre siendo conscientes de la dinámica de mercado que ello supone. Pero, sobre todo, no podemos permitir que, como mujeres, se nos acuse de 'aprovecharnos' de una dinámica que, en los términos en que está planteada, significa convertir a las mujeres en objetos.
¡Las mujeres no somos productos! ¡Las mujeres no somos objetos!

Y nos decían sexo débil.

Estamos hartas de ir con miedo por las noches, de beber con miedo, de vestir con miedo.
Estamos hartas de tener que protegernos de vosotros, de tener que ir con cuidado por las noches, por el día, de fiesta.
Estamos hartas de que seamos nosotras las que debemos cuidarnos de vosotros y no vosotros los que debéis respetarnos.
Y estamos hartas de que cada vez que alzamos la voz y proclamamos autodefensa nos llaméis locas/exageradas/histéricas.
Nos llaman el sexo débil, a nosotras. A las que aguantamos acoso sexual, acoso callejero, violencia estructural.
Nos llaman sexo débil, a nosotras. A las madres, criadas, esclavas, sumisas, calladas vejadas, ignoradas, ninguneadas.
Nos llaman sexo débil, a nosotras. A las que aguantamos la presión de tener que ser guapas, altas, blancas, delgadas, amables y princesas.
Nos llaman sexo débil, a nosotras. A las que a pesar de todo lo anterior seguimos luchando día a día para cambiar las cosas.