3 dic. 2014

Necesito decirte que te quiero y que no sea a través de palabras

Podría empezar esta carta describiendo tu forma de dormir pero entonces,  me faltarían versos, metáforas y adjetivos. Podría describir la cicatriz de tu cara exactamente de tu barbilla, decirte que me pierdo en ella cada vez que la recorro con mis dedos, y me lleno de alegría cada vez que veo esa boquita, confesarte que fue en lo primero que me fijé cuando te tuve enfrente,y tú lo sabes, sabes que soy una apasionada de las sonrisas, y la tuya es la mejor que conozco, pero entonces, tus ojos, que viven un poco más arriba, me pedirían explicaciones del por qué no les nombro a ellos.
-No creo que exista nada capaz de hacerle justicia a tus ojos, y ese es el único motivo por el que no soy capaz de describir el océano que escondes en ellos-
Tus manos. Tus manos guardan el mapa, pero qué coño, también el tesoro, la isla, la bandera y el barco. Tus formas me arrebatan la razón cuando creo tenerla, me hacen perder la cabeza, la orientación y los modales -cómo no voy a perderme por el metro de Madrid cuando sé que estoy yendo en dirección tu cuerpo- A veces imagino cómo sería ser cualquier otra persona y poder hablar contigo sin pensar en besarte a cada segundo,-es una putada, créeme, sobre todo cuando me niegas tus labios solo para hacerme rabiar-
Por robar me has robado hasta la última palabra que no hablaba de ti y ahora todo gira alrededor de tu ombligo, como un planeta enamorado buscando el Sol, arriba el cielo, abajo el paraíso.
Ojalá fuera capaz de transmitir el tacto de tu pelo cuando me dejas enredarlo entre mis dedos y de repente han pasado dos horas y de repente llevo dos horas a ras de sueño. Si pudiese tan siquiera describir la sensación de acariciarte -lento, con cuidado y sin parar de erizarme- eso sí que fue andar y volar al mismo tiempo.
Si tuviese valor para hablar de tus dudas, te diría que me encantan porque siempre acaban ganando tus ganas, te diría, que cuando me miras con tono serio yo te miro con tono yo, que viene a ser jodidamente enamorada de todos tus tonos. No voy a hablar de tu nuca, de tu toma de tierra, de mi camino hacia las nubes, de cómo te muerdes los labios en los momentos más bonitos, de cuánto me gusta que muerdas los míos, me hagas daño, y me pidas perdón, de las veces que te has callado y he escuchado a tu silencio, de la envidia que me dan tus uñas cuando te las muerdes o del verso más bonito que jamás me había dedicado nadie hasta que llegaste tú, te armaste en forma de poca luz y besos, y me dijiste las dos palabras que no han dejado de sonar en mis latidos. ¡TE QUIERO!
Yo también te quiero, mi amor, pero jamás seré capaz de escribirte cuánto, de qué modo ni hasta qué punto, porque para eso necesito tenerte enfrente, dejar la poesía a un lado y decirte con todo, menos con palabras, que desde que estás en mi vida, la vida envidia mi suerte y la suerte se ha instalado por completo en mi vida.

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